Genuina generación
Marzo 15, 2010 por Bárbara

foto Marisol Ruiz Soto
foto: Marisol Ruiz Soto
Niños y niñas que nacieron en Cuba entre las décadas del 70 y del 80 (tal vez hasta nuestros días) recibieron nombres que iniciaban con la letra Y.
Surgieron una pléyade de ellos, unos coherentes y otros no tanto.
Como ocurre con el ser humano que habita este planeta, unos genéticamente vinieron al mundo para ser personas honradas, dignas, afectuosas, trabajadoras…otras deshonradas, indignas, sin afecto, haraganes, y hasta farsantes, porque para que exista el mundo…
Yamil y Yoslayne son realizadores de sonido en una emisora de radio, y desde su artística profesión conquistan al auditorio.
Yudelkis aprende de las Ciencias Informáticas además de ejecutar, en su tiempo libre, la danza contemporánea.
Yusmaray, es amazona y técnica de calidad en una finca equina. Le encantan los animales y lo mismo baña a un caballo que trae al mundo a un nuevo potro para mejorar la raza en el país. Espera graduarse de médico veterinaria.
Conozco de un Yosvany, que impulsado por la avaricia y egoísmo de una Yamilé, cometió la irresponsabilidad de salir ilegal de la Isla, a través de seres inescrupulosos que trafican con personas. Se convirtió en balsero y el mar nunca lo devolvió al mundo de los vivos.
Sin embargo otro Yosvany atravesó el Atlántico más de una vez, estuvo en Venezuela y Bolivia para reportar desde esos lugares lo que hacen hombres y mujeres para llevar salud y amor a otros seres desposeídos de la tierra. Ahora mismo cumple su tercera misión en el continente sudamericano. Reflejar la verdad es su premisa.
Yaima optó por un camino equivocado, al apañar a personas que se apoderaban de recursos ajenos, y fue castigada por la ley. En una prisión de mujeres aprende de artes manuales, practica deportes y aguarda reintegrarse útilmente a la sociedad.
Esta otra Yamilé baila rumba desde que es una niña, como integrante de los mundialmente conocidos Muñequitos de Matanzas, recorrió el mundo. Siempre vuelve, vestida de amarillo para venerar a Ochún, en el barrio de La Marina, muy cerca del legendario río Yumurí.
Yirmara periodista graduada de una academia, critica cuando es necesario, alerta de ineptitudes y deficiencias, ejerce la docencia a la par de dirigir la Unión de Periodistas de Cuba en el territorio donde reside, organización no gubernamental que agrupa por igual a mujeres y hombres que ejercen nuestro sacerdocio.
Yohana, licenciada en cultura física, domadora de delfines, conversa con ellos, el mundo entre esos mamíferos especiales, hace también especial su vida.
Yolaida hace del tango una pasión, los movimientos sensuales los lleva intrínsecamente, será socióloga, con herramientas académicas suficientes como para tomar la temperatura a fenómenos de diversa índole que surjan en su entorno. Desde la violencia de género, una investigación sobre trova o el suicidio.
Yiliam, instructora de arte, profesora en la enseñanza primaria, se pinta el pelo de rubio, adora la actuación y cantar.
Yohander se graduó de Comunicación Social en la modalidad de la municipalización de la educación superior, también ejerce la docencia
Yamila recién graduada de periodista, adiestrándose y adentrándose en la página cultural de un periódico. Muchacha comprometida con su tiempo, decente y cristiana.
Yenisleydi enseña veterinaria en un politécnico agropecuario, con desvelo, en pleno campo, se empeña para que sus alumnos aprendan rápido a enyuntar bueyes para arar la tierra. Conoce de lo necesario de producir alimentos.
Yenly, reside en una zona rural, tuvo libre acceso a la enseñanza superior, se prepara para ejercer el periodismo en un par de años. Será una profesional de prestigio, lo atestiguan resultados académicos y criterios de sus profesores.
Yohan, se levanta a las dos de la madrugada para ordeñar vacas, apuesta por la tierra para exprimirle la savia. Viste con orgullo altas botas para protegerse del lodo y sonríe feliz cuando la blanquinegra rebosa 10 cubos de leche.
Con virtudes y defectos, estos seres humanos, mujeres y hombres, exhiben nombres con la porfiada penúltima letra de nuestro alfabeto en lengua castellana.
Aquí una muestra de que la mayoría encontró el camino para ser útil a la sociedad donde viven, perfectible, pero justa.
Conforman junto con los de la C, M, R, V o la T la más genuina, auténtica y legítima generación que nos acompaña en la tierra, víctima, por igual, del cambio climático o la manipulación mediática.
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Un lustro atrás, en un octubre precioso, escribí una crónica cuyo protagonista eraun niño trigueño, avispado y alegre. Diego con seis años de edad se iniciaba como Pionero, esa organización no gubernamental en Cuba que agrupa a niños y niñas de la enseñanza primaria y secundaria. La pañoleta azul en el cuello de Diego lucía radiante y su madre la anudaba orgullosa…
A golpe de guitarra
el bum de una marca de trajes de baño que inundó el mercado. Las trusas o “bikinis” Vanessa eran hermosos, pero pasado un período, relativamente corto, se estiraban y desteñían.
A la distancia de más de cuatro décadas se enmarañan los términos y no queda claro si es un hombre devenido símbolo o un símbolo convertido en hombre eterno, cuya presencia aparece ahora mismo en los rostros de la resistencia hondureña, en la Amazonia del indígena, en la Pampa suramericana…